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Luis y su mundo

Luis bostezaba. La luz del sol an no haba despertado la ciudad pero l acababa de hacerlo despus de escuchar el despertador en la otra habitacin. Pronto se escucharan ms ruidos y la luz artificial acabara de espabilarlo.

As era todas las maanas, lo conoca muy bien, y esperaba tranquilamente a que se sucedieran las rutinas, no sin sorprenderse de que las cosas fueran as, y no de otra forma determinada: el desayuno, el metro, las caras de sueo de los viajeros, el sonido del vagn, el fro en la cara al salir de nuevo a la calle, los coches, los pitidos, las prisas, el bullicio
Le gustaba imaginar diferentes explicaciones para todo lo que se presentaba ante sus ojos: los cereales eran barcos que intentaban flotar en una tempestad de leche, el sonido del vagn del metro era el ritmo que marcaba el conductor del tren para que todas los viajeros compusieran en su cabeza diferentes melodas y los pitidos de los coches eran simplemente el lenguaje que tenan estas mquinas para darse los buenos das.
A Luis le gustaba jugar mentalmente con estas cuestiones y otras que se sucedan a lo largo de toda la maana. De hecho, una vez llegaba a su lugar de destino, se pasaba la maana entera atendiendo a sus obligaciones y siempre lo haca jugando y aprendiendo a base de equivocarse.
Sus compaeros de trabajo eran como l y despus de una dura jornada de trabajo, lo que ms les alegraba era ver aparecer a su madre por la puerta de la guardera, ya que la sita Ana era muy buena, pero madre no hay ms que una.

El MetroTreinta y cinco aos despus, Luis ha cambiado mucho. Le ha crecido pelo por todo el cuerpo, se ha hecho mayor y tiene un trabajo muy diferente al de la guardera. Se levanta por la maana bostezando, por supuesto, pero tambin pensando en el Gordo de la Primitiva, desayuna a toda prisa y aprovecha el trayecto del metro para echar una cabezadita antes de tener que enfrentarse a Doa Ana, su jefa, que lo tiene bastante agobiado con los objetivos de final de mes. Los pitidos de los coches no hacen ms que ponerle de mal humor y a veces le gustara empezar a empujar a todo el mundo cada vez que se ve rodeado de mucha gente.
Luis ha cambiado mucho fsicamente: ya no es el nio atltico que ganaba a todos en los juegos del patio. Se siente torpe y una incipiente barriga est amenazando con liquidar su vestuario de pantalones a corto plazo. El mdico le ha recomendado hacer ejercicio y el otro da, en el centro comercial, se compr una bicicleta con la total determinacin de poner freno a esta catstrofe.
Mentalmente Luis ha cambiado mucho ms. Hace tiempo que dej de ser el nio que se dejaba sorprender, creativo y curioso. El nico juego del que entiende es ese de los seis nmeros y el complementario. Su cerebro est cada da ms aletargado y an no ha encontrado en el centro comercial una solucin a su problema.
Antes de entrar al trabajo, si el metro no se ha retrasado, aprovecha los ltimos minutos en la cafetera. All est Mara, una compaera que lleva casi tanto como l en la oficina. Le despierta mucha confianza y hay algo en ella que le hace sentir bien. No sabe si es la forma de afrontar los problemas, o su sentido del humor, pero Mara le recuerda a una poca de su vida donde las cosas tenan ms colores.
Se sienta junto a ella y se fija en el libro que est leyendo: Gente de mente.

Actualizado ( Lunes, 27 de Abril de 2009 16:44 )  

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