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La imaginación

Por imaginación entendemos al proceso nervioso superior que permite a un sujeto manipular información y generar una representación en la mente sin necesidad de la estimulación exterior. Es decir, podemos “ver” sin necesidad de percibir a través de la vista. La imaginación no sólo se limita a información visual sino que, cuando imaginamos, también incluimos otras áreas sensoriales.

Si comprobamos cuál es la aceptación social de las personas imaginativas veremos que no siempre es del todo positiva. Existen frases peyorativas para describir a los que se encuentran elaborando un proceso imaginativo. De ellos se dice que están pensando en las musarañas, que están en la Luna o incluso en Babia (que por cierto, es una comarca de León). De su conducta se increpa que estén en desconexión con la realidad inmediata, inmersos en su pensamiento.
Sin embargo, un proceso imaginativo no implica desprendernos de la realidad que nos rodea. Ahí reside en realidad la buena praxis de la misma ya que, si en algún momento el individuo pierde el control de la realidad y carece de medios para distinguir su propio mundo del mundo circundante, podemos hablar de alucinaciones.
Una alucinación sería la imaginación llevada al extremo. Al igual que con la imaginación, percibimos una información a través de los sentidos que no se corresponde con la realidad. Lo peor es que el sujeto la toma como real, con el consecuente desequilibrio emocional y conductual.
Las personas que padecen alguna enfermedad mental conocen sobradamente el efecto de una alucinación, la cual, al igual que la imaginación, no se limita únicamente al sentido de la vista.
El consumo de sustancias estupefacientes también provoca alteraciones sensoriales. Una de las motivaciones que mueven a las personas a probar drogas es la necesidad de huir del mundo real y experimentar alucinaciones sensoriales. A lo largo de la historia, muchos artistas han tanteado estas sustancias para multiplicar su imaginación, anteponiendo su salud física a su producto creativo y cayendo, en muchas ocasiones, en hábitos adictivos y autodestructivos.
Esta tendencia a desencadenar en lo patológico y el pequeño umbral que separa la imaginación extrema de la alucinación, así como el tanteo con las drogas en lo referente a conseguir mayores actos imaginativos es, al fin y al cabo, lo que lo sociedad reprobaría ante personas de mucha imaginación. Aún existen ciertos estigmas sociales, y en este caso, estamos ante algunos de ellos.
Sin embargo, peyorativo o no, un cerebro imaginativo es un cerebro ganador. Romper con los cánones, ampliar los puntos de vista, combatir el aburrimiento y, como veremos en otro libro más adelante, crear e innovar, son características que ayudan al imaginativo a conseguir el éxito en su interacción con el medio.

Factores de la imaginación:
La imaginación necesita ser alimentada constantemente y requiere una actitud consciente de intentar no caer en el hábito y la monotonía. En ella influyen tanto factores internos del individuo como factores externos.
 Un factor interno puede ser la personalidad, el tipo de pensamiento o la sensibilidad de la persona. Las personas menos pragmáticas y con mayor sensibilidad son más propensas a la imaginación.
Por otro lado, en los factores externos intervendrían las experiencias que el individuo ha vivido y la estimulación de la que se rodea de forma tanto activa como pasiva. Por supuesto, una persona que viaja constantemente y que está regalando a su cerebro diferentes experiencias, contará con mayores recursos para rememorar más tarde las experiencias y dar rienda suelta a su imaginación.

Imaginación y memoria
La imaginación y la memoria se complementan a la perfección. A la hora de memorizar, una técnica muy útil es la visualización. Es decir, evocar una imagen mental de la información a recordar; o lo que es lo mismo, imaginar esa información visualmente. Por ejemplo, si necesitamos memorizar una lista de palabras nos será de gran utilidad hacer una representación mental de todas esas palabras relacionadas entre sí. Si más tarde recordamos esa imagen, nos será mucho más fácil evocar todas las palabras de la lista.
Por otro lado, la imaginación nos permite reconstruir el pasado en los casos en que la memoria no funciona de forma fidedigna. Está comprobado que el recuerdo del pasado por parte de cada sujeto no es completamente fiel a como sucedió en realidad. En muchos casos, los mismos detalles en una situación son recordados de diferente forma por parte de personas que vivieron esa misma situación. Nuestra memoria acumula un número impresionante de recuerdos: emociones, acontecimientos, impresiones… Lo cierto es que no siempre es fácil aclararse y hacer un recorrido lógico a la hora de rememorar los detalles de un suceso. Encuadrar algo que nos pasó en un contexto es francamente difícil para nuestra memoria. En estos casos, la imaginación sale al rescate, dispuesta a componer un recuerdo coherente y, lo peor de todo, hacernos creer que aquello sucedió de esa forma. Se genera así un “falso recuerdo” que en casos cotidianos no requiere mayor problemática pero que podría ser fatal si estamos ante un juicio ejerciendo de testigos.

Tipos de actividad imaginativa
Existen diversas formas de actividad imaginativa:
Imaginación diurna: Es la típica acción de soñar despierto. El sujeto aborda sus frustraciones y las sublima en soluciones deseadas. Se refugia de la realidad imaginando un mundo a su medida donde los éxitos superan los fracasos.
Imaginación lúdica: La imaginación y el juego han desfilado siempre muy unidos. Mediante el juego manifestamos activamente y exteriorizamos los impulsos de la fantasía. Hay juegos de niños y juegos de adultos pero en cualquiera de los dos se puede ejercitar plenamente la capacidad imaginativa.
Imaginación onírica: Mientras dormimos nuestro cerebro elabora los sueños. Este fenómeno necesita aún ser estudiado en mayor profundidad. Según Freud los sueños son la satisfacción de los deseos reprimidos. En este sentido, la razón de ser del sueño coincidiría con la que nos lleva a soñar despiertos.
Imaginación creativa: Esta es la actividad propia de artistas y literatos. A través de ella generan un tipo de realidad que no ha sido percibida a través de los sentidos anteriormente y que, a pesar de ello, nace de la experiencia de la propia realidad.

La imaginación en la literatura
Si existe un ejemplo característico del acto imaginativo este es el de la literatura. Cuando un escritor escribe una novela está poniendo a prueba su imaginación. Gracias a ella modifica la realidad a su antojo y obtiene un resultado que nos fascina. Tal es el caso de J. R. R. Tolkien, escritor británico, poeta, filólogo y profesor universitario, conocido principalmente por ser el autor de la novela “El Señor de los Anillos”.
Para la elaboración de esta novela, que fue subdividida en tres volúmenes, Tolkien empleó más de 10 años de su vida. Su trabajo dio como fruto una de las obras de ficción más populares del siglo XX que incluso fue adaptada al cine recientemente.
Lo que Tolkien construyó no fue simplemente un conjunto de personajes y un contexto, en realidad, su gran imaginación creó un mundo fantástico donde no faltaban los detalles más precisos. Por si fuera poco, a lo largo de su vida confeccionó un lenguaje (alimentado por su pasión a los idiomas) que perfeccionó cuando escribió esta novela y que era el empleado por sus personajes fantásticos.
La vida de este escritor es un ejemplo continuo de creatividad e imaginación.

Test de imaginación:
Te proponemos un sencillo test que puede probar hasta donde llega tu imaginación.
En la imagen de abajo te mostramos un objeto cotidiano que tiene una utilidad que todo el mundo conoce. Pero ¿para qué otros usos lo podrías emplear?

Cuantos más encuentres más capacidad imaginativa posees.
Actualizado ( Lunes, 10 de Mayo de 2010 09:17 )  

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